Solo una cosa vuelve imposible un sueño, el miedo a fracasar.

miércoles, agosto 08, 2007

BELICE: Go Slow !!


Belice, uno de los países más desconocidos de América Central para nosotros. Y también uno de los más intrigantes.
Llegamos a la frontera un poco nerviosos ya que sabíamos que los Argentinos no podían pasar libremente por ese país (Belice fue hasta hace pocos años una colonia Británica). Nos encontramos con unas oficinas fronterizas de lo más ordenadas y limpias, bastante diferente de lo que generalmente uno se encuentra en las aduanas del resto de los países. No había miles de vendedores ambulantes, no había cientos de personas que te persiguieran con el cambio de dinero… no había basura… extraño.
Bueno, finalmente nos llego el turno y nos encontramos con un oficial de aduana que nos explicaba, a medio español (la lengua oficial de Belice es el Ingles) que si éramos Argentinos, podíamos pasar, pero necesitábamos obtener primero la visa. Por lo cual nos pedían una foto, completar formularios, 100 dólares cada uno, y luego, un oficial evaluaría si nos dejaban pasar o no. La otra opción era pegar la vuelta. Vaya alternativa!
Bueno, por supuesto elegimos la opción uno! Habíamos pedaleado hasta ahí… no íbamos a pegar la vuelta!! A pesar de la rabia de tener que pagar y, mientras, ver pasar a todos los turistas norteamericanos y europeos con una sonrisita, mientras nosotros estábamos en “evaluación” era indignante! Finalmente determinaron que éramos “dignos” de entrar… así que bueno… comenzamos a pedalear tierras Belizeñas.
El negro estaba preocupadísimo por el idioma!!! Y me hacia reír con sus comentarios. Lo gracioso fue la primer parada en la ruta, en una estación de servicio, para comprar un refresco. El negro entró y, a los 2 minutos salió, enojado, diciéndome “a ver, ro, vení vos porque este muñeco me habla en ingles!!” y claro, si acá SE habla ingles ¡. Enojado porque le hablaban en su propio idioma. Muy gracioso. Por suerte, Belice tiene una enorme diversidad étnica. Entonces, si bien el idioma oficial es el inglés, la gran mayoría también habla español, kriol y garífuna.
Los creoles – descendientes de esclavos africanos y piratas británicos – es el grupo cultural dominante en Belice. Ellos hablan el kriol, una especie de dialecto ingles. También están los Mestizos -descendientes de europeos y los indígenas de Centroamérica- , los Mayas –que a su vez están divididos en tres grupos lingüísticos: los Yucatec, los Kekchi y los Mopan – y los Garífunas, que habitan el sur del país y son descendientes de los esclavos africanos y los indígenas del lugar.
Ese primer día pedaleamos unos pocos kilómetros hasta la primer ciudad que queríamos conocer: San Ignacio de los Cayos. La ciudad en sí no tiene grandes atractivos, pero si sus alrededores, que esconden hermosos ríos, montañas, cuevas prehistóricas, etc, que hacen que este lugar, sea muy visitado por todos los amantes de la aventura.
San Ignacio tiene unos 20.000 habitantes y se encuentra ubicada en un hermoso valle. Una de las cosas más destacadas de la ciudad es el bonito y llamativo puente de Hawkesworth, sobre el río Macal, el cual divide a la ciudad en dos.
Nos quedamos dos días aquí, disfrutando simplemente el sentarnos en algún lugar y mirar a la gente, los carteles, el movimiento de la ciudad. Las personas en general, son muy amables, alegres y extrovertidas. Te ven en la calle y ya se vienen a conversar con uno.
También las construcciones en Belice son diferentes al resto de Sudamérica y Centroamérica. Aquí se construye casi todo utilizando madera, al estilo victoriano, que luego pintan de vivos colores.

Nuestra idea, luego de San Ignacio, era seguir rumbo hacia Belice City, ya a orillas del mar Caribe. Como la distancia era mucha para hacerla en un día, teníamos que quedarnos a dormir en algún lugar. No había muchas opciones. Belice es un país escasamente poblado, por lo cual, solo tiene algunas ciudades medianas o grandes y luego, la gran mayoría, son pueblitos que no superan los 2000 habitantes. La población total de Belice es de 300.000 personas!! Y, la capital del país, Belmopan, solo cuenta con 10.000 habitantes. Pero, en este caso, la ciudad más poblada no es la capital del país, sino que es Belice City, con unos 70.000 personas. Esto sucede porque la capital se cambio hace pocos años. Antes, la capital era Belice city, pero debido a los continuos huracanes que azotan esa zona (se encuentra a orillas del Caribe), decidieron mudar la capital hacia Belmopan, más al centro del país. Pero la realidad es que casi nadie se mudo!! Y la gran actividad económica y comercial del país aún se sigue desarrollando en Belice City.

Así que salimos a pedalear con la idea de quedarnos en “algún lugar” a mitad de camino. Salimos tempranísimo, ya que el calor es muy intenso en esta zona. A las 10 de la mañana el sol ya quema de una manera alarmante. Y, para sumarle mas dramatismo, el viento, como siempre, se empeña en estar en nuestra contra, no importa la dirección que elijamos. Todos los días, tipo 9 de la mañana, el viento comienza a soplar, fuerte y en contra.

Mientras íbamos en la ruta, disfrutábamos de los carteles de la ruta. También de los personajes extraños que nos saludaban. Los Belizeños se visten de manera estrafalaria, según nuestras costumbres. Colores chillones, ropa grande o ajustada, pero siempre en extremo. Lunares, dibujos, cuadros,…. Lo que sea, pero siempre bien llamativo. Y a nosotros nos encantaba!! Nos parecía que derrochaban seguridad y diversión en sus vestimentas. Jugaban. Sus peinados extraños, sus rastas, sus sombreros originales. Había tanto para mirar!!

Además de la diversidad étnica, también es enorme la diversidad religiosa. Católicos, Protestantes, la mayoría metodistas y anglicanos, pero también Menonitas, del séptimo día, etc., así como también seguidores de filosofías hindúes, budistas, musulmanas, etc. Esto se nota en la gran cantidad de iglesias que hay en la ciudad, así como también en las rutas, donde nos hemos cruzado con una gran cantidad de Menonitas.

Mas o menos a mitad de camino, nos encontramos con una reserva ecológica llamada Monkey Bay, que tenía un lindo lugar para acampar. Así que nos quedamos. Armamos la carpa debajo de una de las Palapas (en la mayoría de los países, en los lugares dispuestos para acampar, hay unas especies de “cabañas sin paredes”, es decir, techo de palma, piso de material, lugar para colgar la hamaca, pero sin paredes, al aire libre. Ahí uno arma la carpa. Esto es buenísimo, porque no le da el sol a la carpa y, porque si llueve, todo esta protegido).

El lugar era tranquilo, con mucha vegetación. A la tarde nos fuimos a nadar a un río que quedaba cerca, llamado Sibun. Pero, lo mejor de la zona era un parador en la ruta, que quedaba a escasos 300 metros de la reserva, y que era de película. Parecía sacado de un film de vaqueros del lejano oeste. El estilo de construcción, sus luces, sus meseros, la música, la gente que iba. Todo era alucinante, como diría mi amiga Marisa. Y, además, la comida riquísima. Nos tomamos unas cervecitas Belikin (la marca mas famosa de Belice), mientras disfrutábamos de ese lugar tan particular.

Al otro día, tempranito, seguimos viaje hacia Belice city. El paisaje de la ruta no era nada espectacular, más bien, bastante aburrido. Por suerte, ya casi llegando al destino, encontramos un pequeño poblado donde comprar alguna fruta y algo para tomar.
Aquí se miden las distancias por millas y el dinero oficial es el dólar Belizeño. Un dólar americano es igual a 2 dólares Belizeños. Un país caro para nosotros.
Respecto a la historia, podemos decir que la democracia institucional y los partidos políticos fueron establecidos a partir del año 1947 (hasta ese entonces era una colonia británica), pero el gobierno propio no se estableció hasta el año 1962. En 1973 se le cambió oficialmente el nombre al país, de “Honduras Británicas” a Belice. Y recién en 1981 Belice se declaro, oficialmente, como una nación independiente.

Llegamos a Belice city al mediodía y, enseguida, buscamos un lugar para quedarnos. La idea era quedarnos 2 o 3 días en esta ciudad, pero la verdad, no nos gusto demasiado. Mucha gente, calor, y excesivamente cara. Nos quedamos solo un día. Nos dedicamos a caminar las calles, ver las construcciones características de aquí y observar su gente. Lo que nos llamo la atención fue la gran cantidad de gente pidiendo en las calles. Belice es un país con un gran porcentaje de gente pobre. Este país nos recuerda mucho a Brasil, donde la pobreza no opaca a la alegría. Aquí la gente se ve alegre y la frase que todo el mundo tiene en la boca es “Go slow” (ve tranquilo) y “taking it easy” (algo así como “no te preocupes”, “tómalo con calma”). Y así realmente piensan y viven. Esas dos frases resumen su estilo de vida. El deporte nacional es el descanso en las hamacas, bajo las galerías frescas de sus casas.

Todos los viajeros con los que nos habíamos cruzado a lo largo del viaje, nos hablaban de las “espectaculares aguas” de los cayos sobre el mar caribe, en Belice. Pero, una vez allí, se nos complicaba a nivel “monetario”. Averiguamos un poco y, finalmente, decidimos que no podíamos estar en Belice y no conocer sus cayos, mundialmente famosos. Así que dejamos las bicis y casi todo nuestro equipaje en el hospedaje de Belice city, y partimos, en una lancha, solo con unas bermudas, unas remeritas y las ojotas, rumbo a uno de los famosos cayos, el llamado Caulker.

Fue llegar y darnos cuenta que habíamos tomado la decisión correcta! Era de una belleza, sencillamente, increíble. Parecía un lugar sacado de una postal. Belice tiene unas 180 millas de barreras de coral, la más larga del hemisferio. Al oeste de esta barrera, el mar es muy calmo y poco profundo. El agua de un color turquesa impactante y, tan transparente, que desde la lancha, se puede ver el fondo y los peces. Los cayos son una especie de isla pequeñísima, en el medio del mar. En Belice existen decenas de ellos, pero dos son los más famosos. Nosotros fuimos a uno de ellos, Caulker. En él viven unas 2.000 personas. Hay muchas hosterías y restaurantes. Las construcciones todas en madera y, las calles, de arena blanquísima. Es que el pueblo es como una extensión de la playa ¡!!! Palmeras, música regaee, hamacas, no existe el transito vehicular….se puede pedir algo mas?. Las noches, tranquilas. Decenas de muelles que salen del cayo, donde uno puede sentarse y, simplemente, contemplar el mar.

Nosotros fuimos por una noche y nos quedamos tres! La principal actividad durante el día es tomar alguna lanchita que te acerque hasta la barrera de coral y hacer snorkel o bucear. Gente de todo el mundo viene aquí, simplemente, por la belleza del submarinismo. Hay varias reservas marinas en el mar, como Shark Ray Alley o Hol Chan Marine Reserve, donde la diversidad de peces, corales, etc. es increíble. Nosotros nos fuimos un día, con un grupo y un guía, hasta la barrera de coral, a unos 2 km de la costa, y fue una experiencia hermosa. Plantas y Peces de todos los colores imaginables. Lo mas extraño?? Bueno, sentimos bastante miedo, por no decir otra cosa, cuando un grupo de 15 rayas, aproximadamente, llegaron y se pusieron a nadar con nosotros, pasándonos por debajo del cuerpo a escasos centímetros. Con el negro estábamos como petrificados, pero veíamos que otras personas hasta las tocaban! Y ellas parecían disfrutar de la presencia humana, paseándose de aquí para allá, yendo y viniendo. Nosotros, la verdad, no podíamos dejar de mirar su larga cola y pensar en el famoso y finado cazador de cocodrilos.!! Pero las rayas pasaron a ser poco preocupantes, cuando un lindo tiburoncito (2,5 mts aprox.) se cruzo por delante nuestro. Pasó nadando lentamente, ignorándonos por completo, para nuestra alegría. El guía se reía y decía que no hacían nada. Después del tiburón, sentimos que ya era hora de salir del agua y subir a la lancha!. Demasiadas emociones para un rato.

Una de las noches, miramos en un bar, el partido de Argentina y México, en los juegos Panamericanos de Venezuela. Gritamos los goles, aunque estábamos en medio de algunos ingleses que, por supuesto, hinchaban para México. Nos fuimos contentos con el triunfo de Argentina, aunque unos días después íbamos a ser el blanco de cargadas de todo el mundo…

Finalmente, había que volver. Tomamos nuevamente la lancha hacia Belice City y, una vez allí, buscamos nuestras bicis y seguimos camino rumbo a la frontera Mexicana. Fuimos hasta Orange Walk, después hasta una ciudad llamada Corozal, para llegar finalmente, luego de unos 200 km, a la frontera.
México estaba a escasos metros. Y nuestra emoción era grande.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Felicidades!!!! Un gran abrazo, me alegra saber ke pudieron cumplir la meta!!!! Un gran saludo aca desde Costa Rica, ojala algun dia vuelvan a poner pie en este pais como yo voy a poner pie en el suyo el proximo año!!!!

Saludos, suerte!!!

9:01 a. m.

 

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