MEXICO: Ultima Parada
No perdimos mucho tiempo y fuimos a sellar nuestros pasaportes, ansiosos por comenzar a pedalear Mexico.
Llegamos en un “difícil” momento a la oficina aduanera. Todos los empleados estaban absortos en un partido de fútbol, donde México definía su tercer o cuarto puesto para la copa América, luego de que Argentina los eliminara dos días antes, pasando a la final con Brasil. En consecuencia, los empleados miraban con un ojo los formularios y, con el otro, el partido. Cuando vieron nuestros pasaportes argentinos, nos miraron y nos “habilitaron” para estar solo 20 días en el país. ¿¿Veinte dias?? Pero si todos los países otorgan tres meses!!!! Y ahí comenzó una larga “charla” donde ellos nos decían que ese era todo el tiempo que estaban otorgando a los extranjeros y, donde nosotros, les explicábamos que era imposible que llegáramos en bicicleta a Mexico City en veinte días!!! Al final, luego de un largo tiempo de conversaciones, nos dieron dos meses de estadía.
Una vez superado los temas legales, comenzamos el pedaleo por la península de Yucatán, en el estado de Quintana Roo. Lo primero que se nota al dejar Belice e ingresar a Mexico, es el cambio en el estado de las rutas, pasando de los precarios caminos de Belice a las espectaculares autopistas en Mexico.
La Península de Yucatán es conocida mundialmente por contar con las playas caribeñas más famosas y espectaculares de México, como Cancún, playa del carmen, Cozumel, Tulúm, etc. La parte mala de estos lugares (al menos para nosotros) es que son demasiados turísticos, lo que implica una presencia masiva de gente, playas invadidas por la infraestructura de los hoteles, servicios carísimos, casi nulo acceso publico a las playas, alto porcentaje de extranjeros (lo que impide conocer realmente la idiosincracia del pais),etc. Pero, de todas maneras, vale la pena conocer, ya que la belleza de las playas es realmente increíble. Nosotros elegimos ir a Tulum, debido a que es el menos concurrido de todos estos lugares.
Llegamos a Tulum de noche y lo primero que hicimos fue buscar un lugar para quedarnos. Nos instalamos en el primer hostel que vimos. Era muy lindo. Tenia pequeñas cabañitas alrededor de un frondoso jardín y también espacios comunes, como una enorme cocina donde se servia el desayuno (y uno también podía cocinarse si quería), biblioteca, living, etc. Era un lugar encantador, donde nos sentimos a gusto desde el primer momento. La sorpresa fue enterarnos que la esposa del dueño del lugar era una Argentina. Se llamaba Pamela y apenas nos conocimos nos quedamos tres horas charlando sin parar. Era una chaqueña muy simpatica. Tanto ella como nosotros teníamos ganas de hablar “en argentino”. Nos reíamos de eso. Y nos conquistó totalmente cuando nos regalo un kilo de yerba que le había traido su mama de argentina..
Las playas de Tulum son sencillamente espectaculares. El agua es de un color turquesa profundo y la arena blanquísima. Y la transparencia del agua hace que muchisima gente venga a practicar buceo a esta zona. Pero lo que la hace realmente única es la presencia de una antigua ciudad Maya que, desde lo alto de un pequeño acantilado, parece dominar el paisaje. Son los únicos restos de antiguas ciudades que se han encontrado a la orilla del mar.
Otro atractivo de toda la zona de la península de Yucatán son los denominados “cenotes”, que son una especie de pozas, generalmente en cuevas, de agua proveniente de ríos subterráneos, muy fria y transparente. La belleza esta dada por las distintas formaciones que se puede ver en ellos, por la vegetación endèmica que se puede encontrar en algunos o por los peces extraños que la habitan. Para las culturas ancestrales Mexicanas, los cenotes son lugares sagrados.
La playa de Tulum queda a unos 5 kilómetros de la ciudad, así que todos los días nosotros nos íbamos en bici hasta allí. Nos gustaba, sobretodo, tomarnos unos ricos mates a la mañana y a la tardecita, disfrutando de la playa y de esos momentos mágicos del día. También nos encantaba pasear por la ciudad cuando caía el sol y ya no hacía tanto calor. Había muchos negocios de artesanía y cosas lindas. Siempre se escuchaba musica en la calle. Y Con Pamela nos hicimos amigos, compartiendo cenas, vinos, y mucha charla.
Otro cambio notorio al ingresar a Mexico fue la diversidad de sabores nuevos que nos esperaban. La cocina Méxicana es riquísima en su variedad y nos llama la atención la gran cantidad de ingredientes que utilizan y que son totalmente desconocidos para nosotros. Lo primero a degustar fueron los famosos tacos Mexicanos. Sabrosos y picantes. Uno puedo elegir que lo hagan con tortilla de harina de trigo o maiz (algo parecido al panqueque de Argentina) y los rellenos varían utilizando distintos tipos de carnes. También probamos unos tamales espectaculares, que son hechos de harina de maiz y rellenos con carne de cerdo, generalmente, y luego envueltos en hojas de plátano. Una característica de México es que al ser un país tan grande y variado, las comidas típicas van cambiando drásticamente de un lugar a otro, logrando una riqueza culinaria increíble.
Respecto a la bebida, también es muy variada, pero claro, el rey indiscutible es el Tequila, emblema de México, seguido por el Mezcal. Aquí uno tiene que demostrar lo “machote” que es, tomándose varios tequilas seguidos sin pestañear.
Fuimos a Tulum con la idea de quedarnos solo un par de dias, pero al final, nos terminamos quedando una semana. La noche antes de irnos, Pamela nos regalo una artesanía mexicana y una plantita de Noni que, según se cree, tiene muchos poderes curativos. No era fácil imaginar como transportar una planta y su respectiva maseta en la bicicleta! Así que lo que hicimos fue cortar una botella de agua mineral por la mitad, plantar la planta ahí y transportarla en el portacaramañola de la bicicleta. A partir del próximo día la plantita de noni pasó a ser nuestra mascota. La bautizamos milagrito (sobre todo porque seria un milagro que llegue a Argentina con vida).
No sabíamos bien cómo continuar nuestro viaje, ya que las opciones son tan amplias y variadas que cuesta elegir alguna. Decidimos tomar el camino que pasa por las ruinas arqueológicas de Cobá y Chichén Itzá (ésta última fue elegida recientemente como una de las nuevas siete maravillas del mundo, si bien se considera bastante controversial y subjetiva dicha elección). Cabe mencionar que en Mexico existen cientos de sitios arqueológicos de sumo interés, por lo que cuesta realmente decidir a cual ir. Los más famosos son Chichén Itzá, Cobá, Palenque, Teotihuacan, pero hay muchísimos más, todos de igual valor.
Salimos de Tulum al amanecer y pedaleamos por una ruta con vegetación frondosa a ambos lados, casi sin pueblos y con una franja mínima para la bicicleta. Luego de unos 60 kilómetros aproximadamente, llegamos a Cobá, un pequeño pueblito cuya vida gira alrededor de los turistas que van a visitar las ruinas.
Nos quedamos a dormir allí, agradeciendo que la ciudad no tuviera ningún atractivo, ya que eso nos permitía descansar sin sentir culpa de estar “perdiéndonos” de conocer algo importante. Que tonto, no?
Al otro día continuamos viaje al amanecer, no sin antes pelearnos con todos los perros del pueblo que se habían empeñado en molestarnos y ladrarnos en forma insistente y amenazadora, permitiéndonos probar todas las tácticas defensivas que habíamos ideado durante el viaje: tirarles agua, parar y ponerles cara de malo, tirarles patadas rogando que no nos agarren el pantalón, pedalear lo más rápido posible, en fin, una amplia variedad.
La ruta siguió siendo angosta y casi cubierta por la vegetación, lo que nos ayudaba a protegernos del sol abrasador que ya tipo nueve de la mañana es insoportable-.
Nuestro destino del día era Valladolid. Esta ciudad tiene unos 60.000 habitantes, es muy bonita y además tiene gran afluencia de turismo debido a que en su territorio están alguno de los cenotes más hermosos, y también, a su cercanía con Chichén Itza. También es una buena parada para los que transitan la península de Yucatán en busca de la Rivera Maya o el fabuloso Caribe Mexicano.
En esta ciudad nos hospedamos en un hostel que nos gusto mucho también. Lo mejor era su espectacular jardín, lleno de detalles simples pero encantadores, con una cocina al aire libre que era un sueño, y donde a la noche compartíamos las mesas con gente de todo el mundo.
Luego de dos días en Valladolid, seguimos viaje rumbo a Chichén Itza. Después de unos 50 kilómetros de pedaleo tranquilo, ya nos empezamos a acercar a las famosas ruinas mayas. Nuestra idea era pasar la noche en un pueblito llamado Pisté, que queda a unos 2 km de las ruinas. Pero, por error, tomamos un desvío que decía “zona hotelera”, pensando que nos llevaría al pueblito, y en realidad nos llevó a un callejón largo, en el cual había varios hoteles lujosos que casi estaban construídos sobre las ruinas. Al final de la calle, estaba el hotel “Mayaland” de unas “10” estrellas. Cuando llegamos, todos nos miraban, obviamente. Les explicamos el error y les preguntamos como salir y llegar a Pisté. Entre averiguaciones e indicaciones de guardias y cuidadores de todo tipo de rango, hizo su aparición el gerente general del hotel (momento en el cual todos se callaron) y nos preguntó que nos pasaba, con una actitud entre curiosa y desinteresada como posibles clientes (al vernos en bici, sucios y transpirados). Le volvimos a explicar. Cuando nos escucho, nos pregunto: “son argentinos?” , y al responderle que si, nos dijo: “Buenísimo, yo también! Me llamo Rodolfo y les cuento que yo viajé cinco años con un amigo por toda Europa sin un peso. Vengan, los invito a un desayuno espectacular en el hotel”. Nosotros con el Negro no entendíamos nada, pero estábamos felices. Ingresamos al hotel, siendo sin lugar a dudas, los más desubicados en todo aspecto. Pero, Rodolfo nos miro y nos dijo: “Ven a toda esta gente que esta acá? Bueno, todos tienen muchísimo dinero, pero… saben cuantos tienen la libertad de andar sin tiempo como ustedes? Ustedes son ricos en tiempo y en libertad.” Sus palabras nos alentaron y alegraron mucho.
Desayunamos los tres juntos, disfrutando de sus anécdotas y compartiendo la historia de vida de cada uno. Después de un largo rato ahí, nos dijo que él estaba a cargo de toda una cadena hotelera y que nos invitaba a quedarnos alojados en otro de sus hoteles que quedaba en el pueblo. Sin poder creer las cosas que un error te pueden deparar, con el negro salimos rumbo a Pisté, pero no en bici, ya que Rodolfo se había empeñado en que una de las camionetas del hotel nos llevara. Nosotros no lográbamos explicarle que no era un sacrificio para nosotros ir en bici!! De hecho, veníamos desde Argentina. Pero él lo tomaba como una cuestión de hospitalidad. Así que no hubo alternativa, subimos las bicis a una camioneta del hotel y nos llevaron, raudos, al otro hotel del pueblo. Al llegar nos dieron una habitación hermosa y enorme, con todo tipo de comodidades. Cuando finalmente nos instalamos ya era media tarde, así que decidimos ir al otro día a conocer Chichén Itza. Pero alguien en el hotel nos contó que se podía ingresar a la noche a las ruinas, ya que desde hacia un tiempo se realizaba un show de luces sobre la más famosa de sus construcciones: el castillo, acompañada de una larga explicación sobre la historia de los Mayas.
Así que nos fuimos caminando a la noche, disfrutando de un cielo muy estrellado. Al llegar nos sorprendió la enorme cantidad de gente que había en el lugar. La cola para ingresar era interminable. Nuestro ánimo se vino abajo. Parecía un parque de diversiones. El señor de seguridad que estaba en el ingreso nos dijo: “No se hagan ilusiones, mañana va a estar igual. Todos los días llegan miles de personas a este lugar. Siempre fue muy concurrido, pero, desde que lo declararon una de las nuevas siete maravillas del mundo, el paso de turistas por aquí se incrementó de manera alarmante. Además, estamos de vacaciones en Mexico, así que ahora hay muchísima gente local”. Nos miramos y nos fuimos a hacer la cola de ingreso, mientras pensábamos en lo que nos había dicho el guardia. Llegó el momento de ingresar y nos volvimos a sorprender nuevamente cuando escuchamos a la mayoría de la gente aplaudir y gritar enloquecida, para luego salir corriendo, intentando cada uno, obtener el mejor lugar para ver el “espectáculo”. Con el negro teníamos ganas de llorar. Y nos preguntábamos cuanta de las personas que estaban allí eran realmente concientes del lugar que estaban pisando?
La presentación nos pareció interesante, aunque un poco hollywodense. Al otro día fui yo sola, tempranísimo, a recorrer las ruinas. El negro se quedó en el hotel ya que se había renegado con la situación de la noche anterior. Yo disfruté muchísimo del recorrido, asombrándome a cada paso con las maravillosas construcciones, con la historia y la sabiduría de esta grandiosa civilización. Y una vez más, me inundó esa sensación de estar en un lugar especial, sagrado. Ya me había pasado lo mismo en otros lugares, como tikal o Machu Pichu. Es como que allí hay algo que no logro comprender, ni ver, pero que mis sentidos si lo perciben. Que será?
Al otro día continuamos camino hacia la ciudad de Mérida, por la misma ruta 180, la cual siguió siendo angosta y con una vegetación abundante a ambos lados. Como la distancia era mucha, decidimos pasar la noche en algún lugar a mitad de camino, y nos decidimos por Izamal. La ciudad era muy bonita y tiene la particularidad de que todas sus casas, la mayoría de estilo colonial, están pintadas de amarillo, lo que le da un toque muy pintoresco. Además, en pleno centro hay un gigantesco e imponente monasterio del siglo XVII (que fue construido sobre las ruinas de pirámides mayas), dos plazas hermosísimas y varios lugares interesantes para conocer.
Algo que nos sorprende de México es que todas las plazas (que ellos llaman zocalo) son hermosas. Generalmente son muy grandes, limpias y con una gran actividad social. A la gente le gusta ir a las plazas y hay mucho dinamismo en ellas. Es difícil encontrar un lugar vacío para sentarse. A nosotros nos encanta ir a las plazas para sentarnos y, simplemente, mirar la actividad de la ciudad. Allí aprendemos muchas cosas. Tomamos nota de situaciones o costumbres que no entendemos, o que nos llaman la atención, y luego preguntamos a la gente de qué se trata. Esa noche charlamos mucho con un viejito en la plaza.
Al otro día continuamos el pedaleo hacia Merida. Hicimos unos 90 kilómetros por una ruta muy linda y entretenida. Pasamos innumerables caseríos y pueblitos pintorescos y vimos, por primera vez, plantaciones de Maguey, de la especie agave azul (planta que se procesa para luego obtener el tequila y el Mezcal). Mérida es una ciudad muy grande, de casi un millón de habitantes, y reconocida por su gran actividad cultural. Hay espectáculos, shows y conciertos de todo tipo cada día, incluso mucho de ellos gratuitos. Los fines de semana se cierran varias calles del centro y todos los restaurantes y bares sacan sus mesas y sillas afuera, arman escenarios donde innumerables bandas musicales tocan melodías de todo tipo y la gente va bailando de un lugar a otro.
Los habitantes de Mérida también están orgullosos de que sea considerada la ciudad más limpia de todo Mexico. Esto es verdad, aunque a nosotros nos resultó un lugar demasiado agobiante y caliente.
Respecto a la comida, acá probamos dos comidas típicas: los panuchos (una especie de tacos untados con crema de frijoles) y tacos de cochinita civil (que es carne de cerdo cocida en hoyos que se realizan en la tierra).
Luego de tres días en la ciudad, continuamos viaje, teniendo como próximo objetivo otra famosa zona arqueológica de México, llamada Palenque. Lo que más llama la atención aquí es la exhuberancia de la selva en la cual se encuentran las ruinas, a solo 7 kilómetros del pueblo del mismo nombre, de unos 70.000 habitantes. Palenque no sólo es famoso por la grandiosidad de sus construcciones, sino por una gran cantidad de misterios que rodean el lugar. Palenque fue habitado alrededor de 100 años antes de Cristo y tuvo su florecimiento alrededor del 630 al 740 DC. La ciudad tuvo su mayor época de esplendor bajo el reinado de Pakal, quién realizó varios tipos de construcciones (incluyendo el famoso templo de las Inscripciones) y fue considerado uno de los hombres mas sabios de esta civilización.
Aquí nos acordamos mucho de Isabel, una amiga venezolana que conocimos durante el viaje, cuyo mayor deseo era poder venir algún día a este lugar. Ella nos dedicó días enteros, transmitiéndonos su amor hacia esta civilización y sus fascinantes logros astronómicos y culturales. Cerramos los ojos y, con todas las fuerzas del corazón, lo compartimos con ella.
Luego de unos días en Palenque, seguimos camino por el estado de Chiapas, a través de una ruta espectacular, hasta uno de los destinos que más nos habían recomendado: San Cristóbal de las Casas. Viajeros de todo el mundo nos habían nombrado esta ciudad una y otra vez. Cuando llegamos comprendimos el porqué. Además de ser una ciudad colonial muy bonita, tiene un “no sé qué”, una magia indescifrable, que te hace sentir parte de ella inmediatamente.
Llegamos a la tardecita, y lo primero que notamos, fue el cambio de clima. Habíamos estado subiendo muchos metros, y a medida que ello sucedía, también el calor agobiante iba quedando atrás. San Cristóbal de las Casas tiene un clima muy benévolo, con mañanas y atardeceres frescos, medio días cálidos y noches frías. Todo en uno!.
A la mañana siguiente salimos a recorrer sus calles, y en ellas pudimos ver una gran diversidad cultural. Muchísimos indígenas conviven con la modernidad, vendiendo sus tejidos y artesanías, a los miles de turistas que arriban a esta ciudad.
Chiapas se caracteriza por ser un estado en el que habita un gran número de etnias indígenas. De hecho, ha sido el epicentro de muchos años de conflictos y lucha por parte de ellos. Sus reclamos siempre son los mismos: libertad, justicia y el derecho sobre sus tierras. Los diferentes gobiernos que han pasado durante todos estos años, parecen no escucharlos. Como ocurre casi siempre, lo distinto o desconocido es considerado “inferior”
Luego de años de opresión, en el año 1994 los indígenas se levantaron y comenzaron una lucha armada y desigual, bajo el liderazgo del que se haría llamar: Subcomandante Marcos. El movimiento es conocido mundialmente como “Zapatista”.
Zapatismo es un término empleado por historiadores para referirse al movimiento armado identificado con las ideas de Emiliano Zapata, caudillo de la revolución Mexicana, plasmadas principalmente en el plan de Ayala de 1911. Una de las frases más simbólicas del zapatismo reza que “la tierra es de quien la trabaja”.
En un sentido contemporáneo, el Ejército Zapatista de la Liberación Nacional (EZLN) y sus adeptos son la representación más conocida del zapatismo, también llamado neozapatismo. El EZLN reivindicó el término —y las demandas de los zapatista -- como demandas vigentes en la vida política y social de México.
A partir de 1994, fueron años de enfrentamientos y de negociaciones diplomáticas frustradas una y otra vez, aunque han logrado alguno que otro derecho. Actualmente el movimiento sigue vivo aunque con un perfil más bajo. Los principales focos se encuentran en la Selva Lacandona.
Otro reclamo que realizan los indígenas actualmente, se centra en la compra indiscriminada de tierras Chiapanecas por parte de multinacionales, tales como Coca Cola, cuyo objetivo principal es quedarse con los lugares donde las napas de agua son las más puras de todo México. El agua es un gran problema en este país. En la mayoría de los lugares, el agua no es potable y tampoco les llega a todos, por lo que el negocio del agua es millonario. Por supuesto, los que habitan esas tierras son “invitados” a moverse a otro lugar.
También reclaman un control urgente sobre los pesticidas que utilizan las grandes empresas, ya que envenenan sus cultivos. Los carteles de rechazo a empresas internacionales, tales como Monsanto, son un paisaje normal en las rutas de Chiapas.
San Cristóbal de las Casas, y todo el estado en general, también son reconocidos por el excelente café que producen y por la explotación y venta de ámbar.
El ámbar es resina fosilizada de más de 25 millones de años y se encuentra, con cierto grado de calidad, en pocos lugares del mundo. Esta resina de árboles primitivos, en ocasiones, contienen en su interior restos de insectos, musgos, hojas, etc., lo que le da un valor adicional y, por ende, son muchísimo más caras que el resto. Existen innumerables negocios que se dedican a la venta de ámbar, ya sea en su estado natural (tipo piedra) o incrustada en joyas de toda clase. Nos pasamos horas mirando estas obras de arte.
También encontramos buenos “insumos” en la ciudad. Primero encontramos un lugar que vendía yerba, lo que nos dio una gran alegría. Y después nos comimos los jamones más ricos del mundo. Es más, nos compramos uno para llevarlo en la bici!!! Nos encantaba parar y tomarnos unos ricos matecitos calientes, con jamón y pan casero.
Nos quedamos unos diez días en esta ciudad, recorriéndola una y otra vez, ofreciéndonos todos los días algo distinto, algo que nos sorprendía. También los pueblitos de los alrededores son muy pintorescos. Había tanto para mirar!! .Nos fuimos con cierta nostalgia del lugar.
El próximo destino era la ciudad de Chiapa de Corzo. El camino que hicimos desde una ciudad a la otra, fue uno de los más bellos que hayamos visto. Parábamos a cada rato, disfrutando del paisaje espectacular, que nos dejaba con la boca abierta continuamente, y también, aprovechando para charlar con diferentes personas que encontrábamos en el camino, como una familia mexicana que andaba de vacaciones, algunos agricultores, etc.
Pedaleamos 90 kilómetros y llegamos a la ciudad, que no tiene grandes cosas para destacar, pero sí sus alrededores, famosos por contener una de las maravillas de México: El cañón del sumidero.
Este cañón tiene un acantilado cuya altura va un poco más allá de los 1000 m del nivel del agua y se levanta sobre el cauce del río Grijalva, con una profundidad de más de 200 m.
Este río atraviesa los estados de Chiapas y Tabasco y desemboca en el golfo de México. En su boca sur, el cañón inicia en Chiapa de Corzo y desemboca en el embalse artificial de la represa hidroeléctrica Manuel Moreno Torres, mejor conocida popularmente como "Chicoasén"" (la quinta más grande del mundo).
El cañón se recorre generalmente en pequeñas lanchas que parten desde alguno de los embarcaderos de Chiapa de Corzo. Es impresionante ver la altura de las paredes del cañón y la vegetación frondosa que cuelga de ellas. Realmente uno se siente muy pequeñito transitando por allí.
La historia cuenta que durante la conquista española de la región, la etnia Chiapa (o soctona, en su propio idioma) realizó un suicidio masivo al arrojarse desde la cumbre hacia el fondo del cañón para evitar quedar sometidos al conquistador -con ello creían, además, alcanzar la libertad en el inframundo. La importancia y simbolismo cultural de este cañón para los chiapanecos son tan grandes que su silueta es la base del escudo de armas del estado de Chiapas
Pero, lamentablemente, nos sorprendió ver la gran cantidad de basura, principalmente botellas plásticas, que había en gran parte del recorrido. Era casi increíble poder concebir, y permanecer indiferente, ante tal desinterés por el cuidado de la naturaleza.
Luego de aquí, la idea era continuar viaje dirigiéndonos hacia el centro del país, más precisamente hacia el estado de Oaxaca. Pasamos por innumerables ciudades a lo largo de cientos de kilómetros, disfrutando de paisajes montañosos encantadores y difíciles para, finalmente, llegar a Oaxaca.
Todo el estado de Oaxaca y su capital, también del mismo nombre, están envueltos en una mística especial. La ciudad es bellísima, pero de una gran simpleza, llamando la atención la calma que parece reinar a toda hora, a pesar de la gran afluencia turística que tiene. Sus alrededores también son muy conocidos por poseer decenas de pueblitos pintorescos, los cuales se dedican -en su gran mayoría- al cultivo del agave y posterior procesamiento, para la obtención del mezcal. Existen cientos de fábricas artesanales que elaboran esta bebida típica.
Otro producto característico de Oaxaca es el chocolate, que si bien lo venden en todas sus formas, el uso principal que le dan aquí es como bebida energética, mezclándolo con agua o leche. También es habitual que realicen mezclas con otros ingredientes (tales como canela, miel, etc) para obtener sabores específicos según el gusto del cliente. Esta tarea la realizan en el momento. Es decir, uno va y le dice al vendedor: “quiero una masa de chocolate con x porcentaje de canela, tanto de azúcar, etc” y lo van elaborando ahí mismo.
Como en toda ciudad Mexicana, no pueden faltar las iglesias. Hay muchísimas y, todas, de una gran belleza arquitectónica. México es el país de mayor devoción católica que hayamos conocido. También nos llama la atención la forma en que recuerdan a sus muertos. Para ellos, nunca se fueron. El día de su cumpleaños van al cementerio y le llevan comida, bebida, música, etc, todos los gustos que disfrutaba la persona mientras vivía. Y el 1 de noviembre, día que según el calendario gregoriano es el de “todos los muertos”, los cementerios son una fiesta. Todo el mundo se junta allí, llevándole de todo a sus familiares que ya no están. “San La Muerte” es una de las imágenes más veneradas en todo el país. Debido a ello, y a lo extraño que resulta esto para los turistas, los “muñequitos de San la Muerte” son un “souvenirs” típico para llevarse.
Teníamos que continuar viaje, pero estábamos indecisos que camino seguir. México es tan grande!!! las distancias son enormes y hay cientos de paisajes y culturas diferentes para conocer. Es difícil elegir. Además, ya habíamos comprado los tickets de avión para regresar a Argentina. Era una sensación extraña. Miles de pensamientos cruzaban nuestra mente. Ya teníamos fecha de finalización de la travesía. Parecía increíble. Mejor no pensar.
Nos decidimos a virar hacia la costa del pacífico, para darnos el último chapuzón en este mar que tanto habíamos disfrutado durante el viaje.
Dejamos parte del equipaje en Oaxaca, con la idea de ir hasta el mar y volver nuevamente aquí, para luego subir hacia el Distrito Federal, capital de México.
Nos subimos a las bicis con la grata sensación de mayor liviandad. Tardamos bastante en dejar atrás la ciudad, debido a lo grande (3.432.180 habitantes) y extendida que es. El paisaje era muy bello, cambiante y entretenido, por lo que disfrutamos mucho el pedaleo, a pesar del esfuerzo por las subidas persistentes del camino. Teníamos que pasar una cadena montañosa.
La primer parada fue 120 kilómetros más adelante, en un pueblo llamado Miahuatlan. Llegamos cansadísimos, muertos. Entramos en el primer hostal que vimos, que resultó ser espectacular, y llamativamente, económico. Un golpe de suerte?. Aquí conocimos un Mexicano simpatiquísimo con el que charlamos largo rato. Nos relajamos un rato en la pileta y luego salimos a caminar un poco por el pueblo. No había mucho por hacer.
Al otro día continuamos viaje por un camino más empinado aún, pero el esfuerzo se veía recompensado por la belleza atrapante del paisaje. Montañas cubiertas de bosque espeso, flores coloridas y extrañas, nubes que bajaban y parecían pompones de algodón, pájaros y mariposas que parecían alentarnos. Y un silencio intimidante. Despacito, despacito íbamos avanzando.
Decidimos quedarnos en la entrada de un pueblito minúsculo, donde había una posada con una vista impresionante. Parecía estar colgada en el abismo de la montaña. El lugar se llamaba San José del pacifico y era visitado, mayormente, por hippies, trotamundos y bohemios en busca de alguno de los chamanes del pueblo, que ofrecían “buenos viajes” a través de los hongos alucinógenos.
Al otro día salimos a pedalear con una llovizna persistente y frío. Los primeros kilómetros fueron nuevamente de subida para luego convertirse en una larga y feliz bajada. La ley elemental: todo lo que habíamos subido ahora lo teníamos que bajar. Pero la ironía fue que, justo en ese momento, nuestros frenos empezaron a fallar. Paramos varias veces a ajustarlos, debido a lo peligroso que resultaba bajar una montaña tan empinada y llena de curvas, sin frenos. El paisaje siguió siendo asombroso.
Hicimos unos 120 kilómetros y finalmente, casi de noche, llegamos a Puerto Ángel, a orillas del pacífico. Otra vez pasamos del clima fresco de la montaña al caliente de la costa.
Al otro día recorrimos varias playas que quedaban a pocos kilómetros del pueblo. Las había de todo tipo y tamaño: con mucha gente o solitarias, con rocas o de arena, nudistas, etc. Disfrutamos del mar aunque la noche anterior había llovido mucho y estaba todo revuelto.
Dos días después decidimos seguir viaje hacia la playa mexicana más conocida del pacífico: Puerto Escondido. Allí van todos los surfistas deseosos de desafiar las olas más peligrosas. Pedaleamos los 90 kilómetros que separan Puerto Angel de Puerto Escondido bajo un calor agobiante, matador. No sabíamos qué beber para calmar la sed constante que sentíamos. Este recorrido fue muy emotivo para nosotros, ya que era uno de los últimos pedaleos del viaje.
Finalmente llegamos y nos sentimos felices de haber ido hasta allí. Nos hospedamos en una de las playas más concurridas de Pto. Escondido, llamada Zicatela. Nos quedamos perplejos al ver el tamaño de las olas!!! En todo nuestro viaje nunca habíamos visto olas tan grandes. Nos sentamos en la arena, al igual que muchísimas otras personas, a mirar simplemente el espectáculo que ofrecía el mar. Sólo algunos surfistas exprimentados se animaban a desafiar semejantes olas. El ruido era impresionante. Nos quedamos horas tirados en la arena.
Estuvimos tres días disfrutando de este bellísimo lugar y de nuestro último contacto con el mar.
Volvimos a Oaxaca a buscar el resto del equipaje y aprovechamos para quedarnos un día más en la ciudad, el cual disfrutamos recorriendo los inmensos mercados que se encuentran en el centro. Y también para comer una vez más la comida típica de Oaxaca: Pollo en Mole. La mole es una especie de salsa un poco picante, que lleva chocolate, y que se incluye casi a diario en el menú de los mexicanos. Nos resulta sabrosa, aunque de un sabor extraño para nuestro paladar. Esto quizás se deba a la enorme diversidad de hierbas aromáticas que utilizan para todas las recetas en general. Fascinante!
Ahora nos faltaba el último paso…. llegar a la capital del país. Como sólo nos quedaban escasos días para tomar el avión de vuelta y varios kilómetros de distancia por recorrer, decidimos hacer este último tramo en bus, para tener tiempo suficiente de recorrer la ciudad más grande del mundo (que no es poca cosa!!).
Guardamos nuestras bicicletas en las lonas de viaje y nos subimos al bus. Era una sensación muy extraña. Mientras íbamos en camino, con el Negro pensábamos en lo distinto que era viajar de esa manera. No escuchábamos ningún ruido externo, no podíamos ver ningún animal, no podíamos parar cuando nosotros queríamos, no podíamos ver que había plantado en los campos, no sabíamos que temperatura hacía afuera, no nos cruzábamos con nadie. Eso sí: íbamos más cómodos y sin ningún esfuerzo. Pero, de qué nos servía?
México es un País enorme, con un territorio de 1.972.000 Km2, todos los climas y paisajes posibles (montaña, mar, desierto, etc), y 101.000.000 de habitantes. De este número, 22.000.000 personas habitan en la capital, por lo cual es considerada la mayor metrópolis del mundo. Se ama o se odia. Lo mejor y lo peor del país se concentran en el altiplano donde se extiende Ciudad de México. El resultado es una mega ciudad contaminada y bulliciosa, donde se mezclan la música y el ruido, el aire viciado y los parques verdes, los palacios coloniales, los museos de renombre internacional y los interminables suburbios de chabolas.
En todo el país se habla el español y más de 50 lenguas indígenas (el 30% de su población es indígena). Y su presidente actual es Federico Calderón.
Llegamos a la capital con lluvia y nos costó desplazarnos por la ciudad. También estábamos un poco eufóricos e histéricos. Para nosotros representaba demasiado este momento y no podíamos dejar de pensar en el día que partimos de Argentina, con un sueño por cumplir y toda la ansiedad del mundo
Volvimos a la realidad, y lo primero que teníamos que decidir era en qué zona hospedarnos, ya que había que tener en cuenta muchas cosas, como la seguridad, las distancias para moverse, los lugares turísticos, etc. Nos quedamos en una zona llamada “Roma”, entre la denominada “Zona Rosa” y el exclusivo barrio de “Condesa”. Fue una buena elección, ya que todo nos quedaba relativamente “cerca”.
Lo primero que sentimos al otro día, cuando buscamos un poco de información respecto a la ciudad, fue una especie de desesperación. Había tantas cosas para hacer y conocer, que el tiempo no parecía alcanzar jamás!! Tomamos un mapa y marcamos los lugares a los cuales les daríamos prioridad. Era evidente que no podríamos visitar todo.
El centro histórico de la ciudad fue considera por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en parte, porque concentra los mejores ejemplos de edificaciones virreinales. Y en él existen innumerables sitios de interés para cualquier persona. La plaza de la Constitución, también conocida como Zócalo, es una de las plazas más grandes del mundo, de enorme trascendencia como centro cultural, político, histórico y simbólico de la ciudad y del país. Está rodeada por el Palacio Nacional, la catedral Metropolitana y por varios edificios de gobierno. La catedral Metropolitana fue el principal centro religioso del Virreinato y es, hoy en día, la iglesia más grande de América Latina. Para construirla, destruyeron los principales templos ceremoniales y religiosos del imperio azteca. El único que aún hoy se puede visitar es el Templo Mayor, a escasos metros de la Catedral.
Otro edificio espléndido y distintivo de la ciudad es el Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula parece paralizar los ojos de quien la mira. En el interior, sus muros están cubiertos de pinturas y frescos de los artistas más importantes de México.
A su lado se encuentra la Alameda Central, que es el parque público más antiguo de la Ciudad de México y uno de los lugares de esparcimiento más entrañables para los habitantes de la urbe.
Las calles más céntricas son concurridas por miles de personas cada día, entre trabajadores y turistas. En ellas se palpita un dinamismo contagioso.
La avenida más importante es conocida como “Paseo de la Reforma” y es, en verdad, un espléndido “paseo”. Hay una especie de parque o plazoleta en el medio de los carriles que van y vienen, lo que permite a los peatones caminar por el medio y disfrutar de las innumerables obras de arte que hay en ella y de los diferentes edificios a un lado y otro. También existen varias rotondas a lo largo de la avenida y, en cada una de ellas, un monumento importante. El más significativo, y utilizado como símbolo de la ciudad, es el monumento llamado “Ángel de la Independencia”. Pero también se destacan la fuente de Diana Cazadora, El monumento a Cuauhtémoc, etc.
En verdad toda la ciudad impresiona gratamente por la enorme cantidad de obras de arte que se puede apreciar en la mayoría de sus calles, embelleciéndolas enormemente.
Otro día nos dedicamos a visitar el famoso bosque de Chapultepec (que sería como el Palermo de Buenos Aires) y el Museo de Antropología. Al bosque fuimos en bicicleta y estuvimos varias horas para poder recorrerlo en su totalidad. Chapultepec ha sido por siglos un punto de atracción para todas las familias mexicanas. Justo era domingo, así que estaba invadido de gente. Respecto al Museo de Antropología, es considerado uno de los más importantes del mundo en este rubro. Tiene tres pisos y lleva varias horas solamente para recorrerlo. Impresiona la gran cantidad de objetos que tienen y la calidad y claridad de su exposición. Uno de los lugares más recomendables de Ciudad de México!!
También fuimos a conocer la famosa Basílica de Guadalupe, la cual congrega gran cantidad de gente cada día. Los mexicanos son extremadamente devotos a esta virgen y es la patrona del país. En el lugar hay varios templos. La antigua iglesia de Guadalupe, la cual se esta literalmente derrumbando, y la nueva, con un estilo moderno. También hay otras iglesias más pequeña a su alrededor.
Para movernos de aquí para allá, utilizábamos siempre el metro (subte), el cual tiene una red completísima y bastante descentralizada, por lo cual era fácil hacer combinaciones. También es para destacar la limpieza de las estaciones, la puntualidad en los horarios y la gran frecuencia que tienen.
Otro lugar que no queríamos perdernos era Xochimilco, uno de los sectores de la Ciudad de México donde el pasado lacustre que caracterizó alguna vez a todo el Valle de México se encuentra presente y forma parte de la vida cotidiana, en un entorno lleno de tradiciones y con siglos de historia, que pasó a ser también declarado por la UNESCO "Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad".
Un poco de historia. Ciudad de Mexico se encuentra ubicada en un valle que, antiguamente, estaba cubierto por un lago. Los indígenas que habitaban la zona en su momento fueron estableciendo pequeñas aldeas en porciones que le iban ganando al lago, las cuales se denominaron Chinampas, y se construían con sieno y limo, y se anclaban por medio de las raíces de ahuejotes, un árbol típico de la zona. En ellas desarrollaron la agricultura, cultivando maíz, chile, frijol, calabaza entre otros. También muchas flores. Esta forma de cultivar demostró ser sumamente productiva ya que podían obtenerse hasta tres cosechas al año, gracias a la riqueza de minerales en el suelo, a la abundancia de agua y al buen clima de la región.
Los españoles quedaron fascinados e incrédulos cuando llegaron a este lugar.
Con el paso del tiempo, el gran lago que cubría al Valle de México fue desapareciendo como parte de una medida gubernamental para evitar inundaciones y también por una despreocupada relación con el medio ambiente. Fue de esa manera que las trajineras (una especie de bote) y balsas que antaño partieran de Xochimilco, hasta el actual Centro Histórico de la ciudad, fueron viendo cada vez más restringida su navegación hasta convertirse en la actualidad en un recuerdo de otros tiempos y en un medio de comunicación local entre los canales y lagos de la zona.
Actualmente Xochimilco, se encuentra en un periodo de definición y asimilación, entre sus ricas tradiciones y los retos urbanos que implica formar parte de esta inmensa ciudad. Sin embargo aún es posible navegar ese gran pasado lacustre visitando sus embarcaderos y recorriendo sus canales y chinampas en las tradicionales trajineras.
El paseo por Xochimilco es de un colorido espectacular. Uno puede tomar alguna de las miles de trajineras y pasear entre las chinampas, entre mariachis y musica de todo tipo, vendedores ambulantes que ofrecen de todo desde sus botes, etc. Aquí nos encontramos con una señora argentina, de Neuquén, que había llevado su mate y nos convidaba desde su trajinera.
En las noches salíamos a recorrer diferentes zonas, disfrutando de comidas típicas, muestras artesanales, espectáculos, etc. Uno de los espectáculos más característicos de México es la denominada Lucha Libre, la cual se desarrolla en estadios o “Arenas”. Estas luchas despiertan la pasión de los Mexicanos y no existe ninguno que no tenga su luchador favorito. Es común ver tiendas que se dedican exclusivamente a la venta de las diferentes máscaras de los ídolos del momento. Esto también despierta la curiosidad e incredulidad de los turistas que visitan la ciudad, por lo cual es uno de los paseos mas comunes que se realizan. Nosotros fuimos una noche a la “Arena de Cuauhtemoc”, donde nos divertimos mucho. Es un show impresionante, no solo el que realizan los personajes, sino también en la ferviente actitud de los “hinchas”. Parece un partido de futbol. Gritamos a rabiar a favor de uno de los personajes que mas nos gustaba: Blue Panter!!!. Por supuesto, terminamos comprando unas mascaras que lucimos con mucha gracia!!
Y aunque nos pareciera imposible, llego el día de preparar las valijas. Estábamos felices porque pronto volveríamos a ver a nuestras familias y amigos, que tanto extrañamos y queremos. Felices por haber disfrutado de un año de libertad absoluta, de tiempos solo impuestos por nosotros, de aprendizaje continuo, de contacto con gente que nos marcó para toda la vida y que la llevamos en nuestro corazón y que nos hacen llorar de emoción cuando las recordamos, felices de haber crecido como personas teniendo experiencias que solo se pueden vivir cuando uno se anima a saltar al vacio, a creer más en uno mismo y no tanto en lo que otros marcan. JAMAS olvidaremos los momentos vividos y los millones de recuerdos que habitan nuestro alma. No tiene precio sentir lo que sentimos. No tiene precio el jugarse por uno mismo.
Y lloramos. El sueño se había cumplido. Pero se había cumplido mucho atrás cuando nos habíamos decidimos a dar el primer paso.
También sabemos que el apoyo constante de nuestros amigos, de nuestros padres y hermanos fue fundamental para sentirnos acompañados. También el corazón abierto de aquellos con los que nos cruzamos en el camino. A todos ellos, le dedicamos esta felicidad y plenitud que sentimos.
Llegamos al Aeropuerto, con todos nuestros bolsos sucios y nuestras bicicletas empacadas, y Milagritos, la planta de noni que nos habían regalado en Tulum. Ella fue nuestra mascota en esta última etapa del viaje y también se volvía con nosotros.
Argentina estaba a un dia de viaje. Teníamos muchas ganas de llegar. Y llegamos.

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